De niña, siempre quise tener una hermanita con la que jugar, me sentía muy sola. Mis padres pasaban mucho tiempo fuera de casa atendiendo la empresa familiar, y hubiera dado cualquier cosa porque una hermana más pequeña me hiciera compañía en los juegos y en todo lo demás.
Tuve que soportar una infancia solitaria, sin que mis padres cumplieran ese deseo de una hermanita que les pedía a los reyes cada año, y en cambio después, cuando ya no lo esperaba ni lo deseaba ni tan siquiera pensaba en ello, hale, tenemos bebé!!! Y claro como la mayor ya es muy mayor y responsable, pues venga, a cuidar de la mocosa, que tiene que colaborar, Jo! Lo que llegó a fastidiarme esta cría!!
Y sin embargo ahora, a sus dieciséis añitos, no la cambiaría por nada del mundo. La he hecho casi tanto de madre como de hermana (Esto reconocido por mi madre), y estoy súper orgullosa de ella, de lo guapa y lista y buena estudiante que és. Y ya sin más preámbulo, aquí la tenéis:

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